Descripción
El Museo Pietro Micca cuenta el asedio de Turín de 1706 y permite bajar a las galerías subterráneas de la vieja Ciudadela, a un paso del Mastio, cerca de Porta Susa. Aquí un minero saboyano se convirtió en el héroe de la ciudad.
En las salas sobre y bajo tierra hay armas del siglo XVIII, mapas, cuadros y grandes maquetas que reconstruyen la Ciudadela y los lugares del asedio. Pero el corazón de la visita está bajo tierra.
Las galerías de contramina forman parte de una red de túneles de más de 21 kilómetros que partía de la Ciudadela. Servían para llegar a las cargas de explosivo que se hacían estallar contra los asaltantes. En algunos puntos son bastante bajas.
Al fondo se llega a la escalera de Pietro Micca y al punto donde se encontró su cuerpo. Todavía se ve el lugar de la explosión.
«¡Quítate de ahí, que eres más largo que un día sin pan! Déjame a mí». Son las palabras que un cronista atribuye a Pietro Micca, soldado minero, en la noche del 29 al 30 de agosto de 1706.
Turín estaba asediada por los franceses, y unos granaderos enemigos habían entrado en las galerías bajo la Ciudadela. Estaban derribando la puerta de una escalera, y el compañero de Micca no conseguía encender la mecha lenta.
Micca encendió una cortísima. La explosión hizo derrumbarse la escalera y detuvo a los franceses, pero él murió. Su gesto, cuentan, salvó la ciudad, aunque los historiadores discuten cuánto peligro corría en realidad.
El museo nació gracias al general Guido Amoretti, que en los años cincuenta descubrió los túneles observando las obras de un solar cercano a su oficina. En 1958 encontró precisamente aquella escalera.
El museo se inauguró en 1961, por el centenario de la unidad de Italia, en el lugar donde durante el asedio los franceses habían instalado una batería de artillería. De la imponente Ciudadela pentagonal que mandó construir Manuel Filiberto en 1564 queda el Mastio, en el cruce con corso Galileo Ferraris.
En las salas sobre y bajo tierra hay armas del siglo XVIII, mapas, cuadros y grandes maquetas que reconstruyen la Ciudadela y los lugares del asedio. Pero el corazón de la visita está bajo tierra.
Las galerías de contramina forman parte de una red de túneles de más de 21 kilómetros que partía de la Ciudadela. Servían para llegar a las cargas de explosivo que se hacían estallar contra los asaltantes. En algunos puntos son bastante bajas.
Al fondo se llega a la escalera de Pietro Micca y al punto donde se encontró su cuerpo. Todavía se ve el lugar de la explosión.
«¡Quítate de ahí, que eres más largo que un día sin pan! Déjame a mí». Son las palabras que un cronista atribuye a Pietro Micca, soldado minero, en la noche del 29 al 30 de agosto de 1706.
Turín estaba asediada por los franceses, y unos granaderos enemigos habían entrado en las galerías bajo la Ciudadela. Estaban derribando la puerta de una escalera, y el compañero de Micca no conseguía encender la mecha lenta.
Micca encendió una cortísima. La explosión hizo derrumbarse la escalera y detuvo a los franceses, pero él murió. Su gesto, cuentan, salvó la ciudad, aunque los historiadores discuten cuánto peligro corría en realidad.
El museo nació gracias al general Guido Amoretti, que en los años cincuenta descubrió los túneles observando las obras de un solar cercano a su oficina. En 1958 encontró precisamente aquella escalera.
El museo se inauguró en 1961, por el centenario de la unidad de Italia, en el lugar donde durante el asedio los franceses habían instalado una batería de artillería. De la imponente Ciudadela pentagonal que mandó construir Manuel Filiberto en 1564 queda el Mastio, en el cruce con corso Galileo Ferraris.